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Por Javier Mora

El glamour de la industria del entretenimiento para adultos es la principal razón para que muchos jóvenes, tanto hombres como mujeres, busquen la fama de los reflectores. Saborear las mieles del estrellato de la pantalla aunque sea frugal aunque sea vano.
El director Bryce Wagoner, arma este documental con entrevistas reales a estrellas del entretenimiento adulto, en un contexto menos chic. Se les puede ver sin maquillaje, en un traje de calle y expresando sus sentimientos, sin la máscara de los reflectores. Caminando en un parque, en la comodidad de una sala de casa, en la puerta principal de su domicilio; y aún así, arañar la superficie de la psique del actor porno. No es una maquina, no es un mueble, es un humano que esconde sentimientos y miedos; que oculta su realidad tras a sonrisa de compromiso de una entrevista grabada.
Podríamos explicar que el documental está dividido en varias secciones; la historia de os actores, la opinión de algunos pseudo expertos, la decadencia del actor y el rumbo final que han tomado para seguir con sus vidas. La edición no es la más adecuada, ya que carece de un hilo real de acontecimientos y en algunas ocasiones, tan solo parecen cortos unidos al azar. El llevar el glamour de la carrera de una persona al inicio del film nos da la errónea idea que es un trabajo serio y que realmente se ahondará en el tema. Craso error; se le guía al espectador por tórridos corredores ultra derechistas y se le infunde una ideología cristiana radical que ofende a quien la ve.
Con un guión que pretende solo apuntar una espada flamígera en contra de aquellos que usan su cuerpo para ganar dinero; levantar el dedo acusador para señalar aquellos comerciantes de la carne; la cinta cae en el fanatismo religioso cristiano del bien y el mal. Aquí podemos ver los distintos aspectos de las vidas de algunas personas, principalmente actores y actrices que parte de su carrera se desarrollo en la industria ara adultos; y como al correr del tiempo supieron salir adelante o simplemente fueron absorbidos por la vorágine del oropel de la fama. Pero también aquellas que usaron esa experiencia a su favor y tienen vidas plenas con sus familias y aun más, están en paz consigo mismos.
La película per sé, no permite la disertación critica propia del espectador y lo sumerge en la culpa brutal para todo aquel que se haya atrevido a mirar pornografía alguna vez; las entrevistas están editadas de manera que solo se use la parte que denigre más a la industria y deje mal parados a los participantes. Durante todo el filme podemos apreciar cortos de los trabajos de los participantes, así como entrevistas a sus familias; algunas de los cuales apoyan totalmente el trabajo de sus padres, sin recriminar nada; y como en todas las profesiones, podemos hallar puntos buenos y puntos malos, sin la necesidad intrínseca de someter a juicio sumario a una industria. De forma lamentable, podemos ver una vez más la manera de usar el séptimo arte como una forma de influenciar al espectador y eso es aun peor que la pornografía en sí.
La edición es pobre, aun para un documental; carece de una fuerza y se queda detenida en la superficie y no aporta nada a la cinta, parece un al trabajo de escuela de arte. No hay banda sonora y le resta fuerza. Desafortunadamente, no se nota el trabajo de un director serio.
Ya es hora de dejar al espectador pensar por sí mismo y no permitir que asociaciones, religiosas o privadas o de cualquier índole utilicen el arte para penetrar el inconsciente de la población y plantar la duda o convencerlos de lo que ellos consideran esta correcto. El cine es un arte que puede permitirse el dar una visión del mundo pero sin tratar de manipular a la población. Estamos cayendo en un pozo de rencores y manifiestos partidistas que lo único que hacen es polarizar una sociedad, de por si devastada por los intereses particulares de unos cuantos. La película solo es un documento pobre para dar una visión parcial de una situación que se ve en cualquier industria, solo como una pieza informativa para un sector de la población que aun tiene la mente cerrada debido a la religión.
Debemos dejar de satanizar tal o cual industria, simplemente porque es contraria a nuestra ideología; nada es bueno o malo per sé; aquellos que tienen el uso final, son quienes magnifican o corrompen cualquier artículo en el mercado; hay quienes usan la industria para adultos para recrear bajas pasiones y fantasías reprimidas; algunos más la usan para aliviar males psicológicos de aquellos que no están a gusto consigo mismos; o quienes a modo de terapia, ayudan a una relación de muchos años, florecer como antaño. Todo es tan malo o tan bueno a los ojos de quien lo mira; el sojuzgar a rajatabla, solo demuestra una falta de criterio y raciocinio. De continuar con esta tendencia, llegara el momento que al ver la “maja desnuda” de Goya y una fotografía de Playboy se les debe considerar igual de ofensivas o igual de bellas, ya que realmente, la belleza de una imagen está en el criterio de quien la admira.

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