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Cuando parecía que los Oscars no podían caer más bajo, la ceremonia de este año ha demostrado que el fondo se halla mucho más lejos de lo imaginado. Ello, no solo por la inesperada actuación del nominado Will Smith abofeteando al presentador Chris Rock, sino por el absurdo performance del otro trío de presentadoras, por momentos disfrazadas de personajes extraídos de las películas y haciendo malos chistes hasta de la crisis del covid-19. Tras una apagada y mediocre ceremonia el pasado año, los organizadores querían probablemente volver con una noche más iconoclasta y atrevida; pero el ambiente de intolerancia dentro de un mundo cada vez más polarizado, convirtió tal intención en mueca, espejeando el alto grado de disfuncionalidad global donde nos hallamos sumergidos.
Si bien el elegante espectáculo de Beyoncé abriendo el show auguraba un cierto regreso a los elaborados números musicales del pasado, pronto se disiparon tales esperanzas, ante los falseados intentos de inclusividad, especialmente de la población de color, al escoger a cuatro afroamericanos entre los cinco presentadores, darle preponderancia al rap sobre otros estilos musicales y ambientar el homenaje a los desaparecidos con un coro evangelista al estilo de las iglesias bautistas de Harlem. Intentos que quedaron además truncados con la insólita muestra de violencia de Smith, que no hizo sino darle nuevos argumentos al racismo y dividir todavía más a la gente.
El triste momento de Liza Minnelli en silla de ruedas y con graves problemas cognoscitivos para anunciar la película ganadora, una sonriente Judy Dentch mostrando en primer plano el hueco donde debería haber tenido un implante, o el envejecido trío artífice de “The Godfather” capitaneado por un vacilante Francis Ford Coppola conmemorando el cincuentenario de su estreno, mostraron otro tipo de decadencia a todas vistas innecesario, pues no suma sino resta a las distinguidas carreras de estos artistas y a la ilusión de glamour de Hollywood. Todo ello al interior de una escenografía más propia de los premios MTV que de la Academia; si bien no es de extrañar, dado el poder actual de las plataformas del entretenimiento sobre los grandes estudios.
De hecho “Coda” fue ampliamente publicitada por su productora Apple TV +, logrando la estatuilla como mejor película por encima de la favorita “The Power of the Dog”, Oscar a la mejor dirección solamente, lo cual no había sucedido desde “The Graduate” (1968), pues es casi de rigor que dirección y película sean premiadas conjuntamente. Ello mostró la gran influencia de estas plataformas para publicitar agresivamente los films donde tienen intereses pese a que, a diferencia de los grandes estudios, carezcan de tradición y cultura cinematográfica, privilegiando lo comercial por encima de la calidad. En tal sentido, la película ganadora es una obra menor, dentro del estilo de producciones como “Children of a Lesser God” (1986) de Randa Haines, cuya principal protagonista, ganadora del Oscar como mejor actriz entonces, hizo el papel de madre sordomuda de la heroína. Aquí también el tema de la discapacitación centró un argumento sostenido por la apología a los valores familiares norteamericanos, sumamente devaluados dadas las enormes carencias emocionales existentes dentro de su núcleo, y el proceder cada vez más intransigente, xenófobo y homófobo de gran parte del país.
Sian Heder, directora novel con un solo largometraje en su haber, “Tallulah” (2016) producido por Netflix, representa a esta nueva camada de cineastas promovidos por las plataformas digitales. Aunque no fue nominada en la categoría de mejor dirección, obtuvo también el Oscar al mejor guion adaptado, en este remake de “La Famille Bélier” (2014) de Éric Lartigau, premiado a la par en Francia; otro film comercial igualmente apoyado en la manipulación emocional del espectador y el empoderamiento de los discapacitados. “Coda”, fluctuando entre la comedia y el melodrama, buscó repetir la proeza, proponiendo una serie de situaciones, en su mayoría trilladas y predecibles, pero que reconfortaron la dañada psiquis de un público sometido a tres años de pandemia, en un mundo desestabilizado por guerras y cataclismos de toda índole.
Un film que no hizo concesiones y se halla entre lo mejor que ha producido Hollywood en los últimos años ha sido “The Power of the Dog” de Jane Campion, Oscar a la mejor dirección y con 12 nominaciones en total. “Libra de la espada mi alma. Del poder del perro mi vida. Sálvame de la boca del león. Y líbrame de los cuernos de los búfalos”, apunta el Salmo anglicano que inspiró el título. “A las personas inmundas moralmente se las llama perros. La ley que Dios dio a Israel decía: ‘No debes introducir el alquiler de una ramera ni el precio de un perro (prostituto)’…. Se prohíbe la entrada en la Nueva Jerusalén a todos aquellos que, como los perros callejeros que se alimentan de despojos, practican cosas repugnantes, como la sodomía, el lesbianismo, la depravación y la crueldad”, prosigue el “Book of Common Prayer”.

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