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Victoria Inaudi es una artista ítalo-argentina nacida en Córdoba. Durante su juventud vivió entre Córdoba, Ushuaia y Buenos Aires, hasta que se mudó a Europa a los diecisiete años.
Se estableció en Roma, donde tuvo lugar su primer encuentro con la escultura, frecuentando varios talleres y escuelas a lo largo de la península italiana.
Rio de Janeiro terminó siendo el destino final de su largo viaje, donde continúa viviendo y en la cual abrió la Escuela de Cerámica MUD que dirige con mucha pasión y dedicación hasta hoy.
Sus tótems de hasta 2,10 metros de altura, realizados con piezas de cerámica encajadas, constituyen símbolos de una naturaleza que tiende al infinito y al universo, y que une la tierra y el cielo. Sus árboles de cacao remiten a aquello que los mayas consideraban el fruto de los dioses.
Sus candelabros son elementos plenos de significado. Es uno de los principales símbolos judaicos y representa la luz eterna de Dios y de su libro sagrado, la Torá. Pero en especial alude a la Menorah, el candelabro de siete brazos. El número siete, considerado por el judaísmo como el número perfecto corresponde, asimismo, a los siete planetas y a los siete cielos.
Las cerámicas de manos entrelazadas remiten a la hermandad entre razas y naciones, y nos invitan a reflexionar sobre la necesidad de unirnos, especialmente después de los estragos producidos a escala global por la pandemia del Covid-19.

Vik Inaudi nos invitó a su taller y hablamos con ella de sus inicios, de la creación de su atelier, de sus asistentes y alumnos, y de los beneficios que ejerce la práctica de la cerámica sobre la salud física y mental.

1- ¿Cómo, cuándo y dónde comenzó tu profesión de ceramista?

Desde chica tuve una atracción especial por el arte. De pequeña frecuenté algunas escuelas de arte y asistí a talleres donde me enseñaron a pintar en varias técnicas. La cerámica fue un poco más tarde, más o menos en la adolescencia. En Argentina frecuenté mi primer atelier de cerámica y me fascinaba, me encantaba. A los 13 o 14 años me venían cosas super especiales, ya siendo bien chica.

Después me mudé a Italia. En Italia se facilitó mucho esta interacción con el arte, frecuenté muchísimos talleres, hice varios cursos. Allí tuve mi primer hijo, entonces no pude dedicarme a la cerámica en un 100 %.

Sin embargo, empecé a interiorizarme haciendo cursos, entender un poco de qué se trataba el mundo de la cerámica hasta que llegué a Rio de Janeiro en 2011 y, unos años después de llegar, abrí un atelier en Gávea, donde empecé a trabajar mis propias piezas, pero en esa época no tenía horno así que me apoyé en varios talleres en Rio, hasta que compré mi primer horno, de esto hace unos 8 años (2014).

Entonces empecé a experimentar mucho más, a crecer en el mundo de la cerámica a pasos agigantados. Al tener mi propio horno, pude experimentar más sin depender de la cocción de la cerámica en los hornos de otros talleres.

2- ¿En qué artistas te inspiras para crear tus obras?

No existe alguien en quien me inspiro, muchas veces empiezo la obra con una idea y el resultado termina siendo completamente diferente, deriva en otros caminos, no voy atrás de la perfección ni de un artista modelo, a mí me gusta que se note, que se vea el alma de la cerámica, el alma de trabajar algo a mano fuera de los moldes. En principio mi trabajo es muy instintivo, viene del alma, es muy terapéutico también para mí. Camino sola, soy autodidacta total.

3- ¿Cuándo comenzaron tus primeras exposiciones y la venta de obras?
Durante los años que viví en Italia, las piezas que hacía se exponían en los mismos talleres, donde se organizaban días de puertas abiertas. Allí los ceramistas exponían sus obras y tenían la posibilidad de tener una interacción con el público.
Con el tiempo se empezó a hacer monetario este interés mío, que hasta el momento era solo una afición. Mis primeras exposiciones fueron en Italia. Aquí, en Rio de Janeiro, mi primera exposición tuvo lugar en la Casa de Cultura Laura Alvim, en Ipanema. Esta exposición fue compartida con otros dos artistas rioplatenses, un uruguayo y otra argentina.
Hice también, a pedido de algunos restaurantes, unos vasos de diseño para tragos, para coctelería fina. También hice algunos cuencos y platos, siempre de diseño, hechos todos a mano.

Creo que la cerámica está volviendo, ya que no se le dio una particular atención en estos últimos decenios. En cambio, en esta época, si vas a cualquier galería de arte, vas a encontrar en las exposiciones algún ceramista. Entonces, la cerámica está retomando un poco su espacio.

4- ¿Cómo y cuándo nació tu idea de formar una escuela de cerámica?
Lo de MUD fue sumamente espontáneo, yo nunca había dado clases de cerámica, pero en mi atelier aquí en Leblon, durante la pandemia, las personas entraban a curiosear. Decían: “¡Qué lindo, un atelier de cerámica! Siempre fue mi sueño hacer cerámica, pero bueno, nunca hice. ¿Tú das clases?”
Y ahí me di cuenta de que había muchas personas interesadas y decidí abrir MUD. En principio yo empecé a dar clases y me encantó pasar a tener la experiencia de relacionarme con la educación, no me había pasado nunca. El primer atelier se empezó a llenar y entonces decidí venir a este MUD de Leblon, que es mayor, y así ampliar las posibilidades contratando ceramistas.
En MUD comenzamos a abrir un horario para un grupo de niños, se llenó y así fuimos abriendo más horarios, así empezamos a abrir también grupos de adultos. Actualmente contamos con dos hornos y con grupos que asisten al taller desde los lunes hasta los sábados, tanto niños como adultos.

5- ¿Hay entre tus alumnos, niños y adultos con diferentes problemas físicos y/o psicológicos, cuya expresión artística les esté ayudando a superar sus dificultades?

Hoy en día tenemos más de cien alumnos y tenemos varios profesores y asistentes. Los profesores fueron cayendo ellos mismo en MUD queriendo colaborar y son todos profesionales alucinantes. Hay arquitectos, psicólogos que trabajan con psicología infantil, con arteterapia. Hay artistas plásticos, dentistas, que tienen también esa capacidad manual espectacular.

Tenemos asistentes y profesoras con experiencia en otros colegios, son psicopedagogas. Tienen mucha práctica para trabajar con niños y darse cuenta de las dificultades que pueden llegar a tener.

Hemos recibido niños con diferentes espectros de autismo, otros niños con dificultades de concentración. Después de un tiempo tienen una mejoría increíble aquí, trabajando con cerámica.
Entre los alumnos adultos tenemos un señor con Parkinson y hemos visto lo bien que el trabajo manual les ha hecho a sus movimientos motores sutiles. La cerámica ayuda muchísimo a eso.
Para una cuestión muscular, para las personas de una cierta edad, el amasar el barro hace muy bien a toda la parte de los brazos y la mano. En fin, la cerámica conlleva muchas cosas positivas con relación a la salud.
6- ¿Qué otros beneficios puede traer el trabajo en cerámica?
Hoy en día las personas estamos necesitando bajar los ritmos. Estamos llenos de información, metidos con el celular, recibiendo información de todo tipo en toda clase de pantalla. Eso nos acelera y no nos hace bien.
La cerámica, ser parte de un atelier, donde puedes tener interacción con otras personas con tus mismos intereses, y que sea creando, haciendo arte, te lleva a bajar un poco las revoluciones y a estar con uno mismo.
Eso tanto para los niños como para los adultos. Ese es uno de los puntos más importantes de por qué MUD, por qué hacer cerámica, por qué ser parte de un atelier y de crear una confraternización dentro de un taller de cerámica donde hay colores, hay buena onda, se escucha música, te metes a trabajar, a crear tus propias piezas y, al finalizarlas, te las llevas a tu casa o se las regalas a tus amigos y a tus familiares. Todo ello te da una gratificación inmensa. 

Entrevista realizada por Adriana Schmorak para Cinecritic.biz
30 de marzo de 2022 en Rio de Janeiro, Brasil. 

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